Hace un tiempo se me dañó un reloj. No era de lujo ni especialmente costoso, pero me gustaba mucho porque tenía altímetro, lo tenia desde mucho antes de ser piloto. Un día le entró agua y dejó de funcionar.
Lo llevé al primer lugar que encontré cerca de donde vivía. El técnico lo revisó durante unos segundos y, sin mucho detalle, me dijo:
—Está quemado. No tiene arreglo.
No muy convencido, decidí llevarlo a un segundo lugar. Allí el técnico lo examinó con más cuidado y me dijo:
—Puede que tenga arreglo, pero hay que cambiarle varias piezas, sin embargo, no le puedo garantizar que funcione.
Era posible, pero sonaba costoso, incierto… y no terminaba de convencerme.
Al final, no lo dejé en ninguno de los dos lugares, obvio, el primero dijo que no tenia arreglo.
Ya en casa, sin muchas expectativas, decidí destaparlo con cuidado. Lo dejé secar durante un par de días, sin hacerle nada más. Luego, lo armé de nuevo… al cabo de un par de días, ¡Voilà! volvió a funcionar.
Esa experiencia me dejó una enseñanza que titulé “Las tres opiniones”.
La primera opinión fue negativa y rotunda: No sirve, no hay nada que hacer.
La segunda opinión fue más optimista, pero también dudosa: Tal vez sirva, pero va a costar y no hay garantías.
Y la tercera opinión fue la mía. La que yo armé luego de escuchar, observar y tomarme el tiempo de probar y decidir por mí mismo.
Con el tiempo entendí que cada persona que opina lo hace desde su propia mirada, y esa mirada está influenciada por muchos factores:
- La experiencia previa, que puede ayudar… o encasillar.
- El conocimiento técnico, que varía entre personas.
- El estado de ánimo, esta es crucial, porque no es lo mismo opinar desde la calma que desde el cansancio o la prisa.
- Los intereses personales, que a veces influyen más de lo que creemos.
- Las creencias o sesgos personales, que pueden limitar o ampliar la forma de ver una situación.
- La disposición del momento, porque no todos se toman el tiempo para pensar realmente en lo que dicen.
Y esto aplica para todo en la vida. Muchas veces vas a escuchar opiniones, comentarios, sugerencias, recomendaciones, juicios, más opiniones, etc., etc.
Pero nadie tiene una verdad absoluta. Sin embargo, es muy valioso escuchar diferentes opiniones y extraer lo bueno de cada una. Todos aportan algo que nos puede servir.
Al final, eres tú quien elige con qué quedarse, qué descartar y qué probar por ti mismo.
Eres tú quien, después de oír todo, debe aprender a escuchar y armar tu propio criterio. Muchas veces, puedes encontrar una respuesta más honesta cuando eres tú mismo quien toma la decisión.
Porque a veces no se trata de quién tiene la razón… sino de entender que cada uno vive las situaciones desde su propia realidad.